Presentar el fenómeno therian como una moda simpática, como curiosidad viral o como “expresión alternativa” sin ningún tipo de contexto psicológico, educativo o ético es una irresponsabilidad grave. No es periodismo. Es espectáculo barato al servicio del clic.
Los niños no están en capacidad de procesar estos mensajes. No distinguen entre juego, ficción, performance, identidad simbólica o presión social. Cuando un medio decide amplificar estas narrativas sin advertencias ni análisis, abandona su deber social y se convierte en un promotor pasivo de confusión.
Lo más preocupante no es la existencia del fenómeno therian, sino el silencio cómplice de medios mediocres que prefieren no incomodar, no preguntar y no asumir consecuencias. Medios que saben que cualquier polémica suma visualizaciones, aunque el costo lo paguen las familias y las aulas.
Ser medio alternativo no es seguir modas importadas ni actuar como altavoz del algoritmo. Ser alternativo es poner freno, señalar riesgos y decir con claridad cuando algo no debe ser tratado como entretenimiento.
La infancia no es contenido.
La confusión no es diversidad.
Y el clic no puede valer más que el criterio.
Quien promueve sin contexto el fenómeno therian frente a menores no está informando: está renunciando a su responsabilidad ética.
Redacción: Lumacastereo

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