Varios gobiernos europeos han hecho un llamado a la moderación y al respeto del derecho internacional, enfatizando que cualquier acción militar debe observar los principios de la Carta de las Naciones Unidas y evitar una escalada del conflicto. Algunos países ofrecieron asistencia consular a sus ciudadanos residentes en Venezuela y se mostraron dispuestos a actuar como mediadores para promover una solución pacífica y negociada.
Las posturas europeas no fueron unánimes. Mientras algunos líderes expresaron preocupación por la legalidad y las posibles consecuencias de la operación, otros se centraron en la necesidad de una transición pacífica en Venezuela sin respaldar explícitamente el uso de la fuerza. En el Reino Unido, por ejemplo, el primer ministro aclaró que su país no participó en las operaciones y reafirmó su compromiso con el respeto al derecho internacional y la protección de sus ciudadanos.
A nivel global, las respuestas también han sido contrapuestas. Algunos países calificaron la acción estadounidense como una violación de la soberanía venezolana, mientras que otros apoyaron medidas que consideran necesarias para generar cambios internos en el país. Esta situación ha puesto a prueba la cohesión europea y la capacidad de los gobiernos de la región para actuar de manera coordinada frente a la crisis humanitaria y política que se avecina.
La tensión resalta la necesidad de buscar soluciones diplomáticas y multilaterales, evitando que el uso de la fuerza se convierta en un precedente que pueda desestabilizar aún más la región y afectar la seguridad de los ciudadanos y de los Estados vecinos.
Redaccion: Lumacastereo

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