La acción militar de Estados Unidos contra Venezuela no es un hecho lejano ni ajeno para Colombia ni para la región andina. Por el contrario, representa un riesgo directo para la estabilidad política, jurídica y de seguridad de un espacio geográfico históricamente afectado por conflictos transfronterizos, migraciones forzadas y tensiones diplomáticas no resueltas.
El desafío jurídico para Colombia: soberanía y no intervención
Desde el punto de vista del derecho internacional, Colombia enfrenta un dilema complejo. Como Estado que ha defendido tradicionalmente los principios de no intervención, solución pacífica de controversias y respeto a la soberanía, la escalada militar tensiona su discurso histórico y su posición en el sistema multilateral.
La Carta de las Naciones Unidas obliga a los Estados a abstenerse del uso de la fuerza como instrumento de política exterior. Para Colombia, país que ha reclamado durante décadas el respeto a su soberanía frente a actores armados y presiones externas, la normalización de acciones militares unilaterales en la región sienta un precedente incómodo y potencialmente contradictorio con su propia doctrina jurídica y diplomática.
Aceptar o relativizar este tipo de acciones debilita la capacidad futura del país para exigir respeto a sus fronteras, a su institucionalidad y a sus decisiones soberanas.
Impacto en la seguridad fronteriza y la estabilidad interna
La frontera colombo-venezolana, una de las más extensas y complejas del continente, se convierte en un punto de vulnerabilidad inmediata. Una escalada militar incrementa el riesgo de desplazamientos masivos, economías ilegales fortalecidas, circulación de armas y mayor presión sobre territorios históricamente golpeados por la violencia.
Colombia ya enfrenta desafíos significativos en materia de seguridad, presencia de grupos armados y control territorial. Un conflicto abierto en Venezuela puede actuar como catalizador de nuevas dinámicas criminales, afectando directamente a departamentos fronterizos y profundizando problemáticas sociales y humanitarias.
La región andina ante un nuevo eje de tensión
Para la región andina, este episodio redefine el equilibrio geopolítico. Países como Ecuador, Perú y Bolivia se ven obligados a recalibrar sus posiciones en un escenario donde la confrontación entre una potencia global y un Estado vecino rompe la frágil neutralidad regional.
La falta de una postura conjunta evidencia la debilidad de los mecanismos de integración y concertación andina. Sin una voz común, la región queda expuesta a decisiones externas que pueden arrastrarla a una lógica de bloques, alineamientos forzados y pérdida de autonomía estratégica.
Colombia entre la alianza y la prudencia
Colombia, por su relación histórica y estratégica con Estados Unidos, enfrenta una presión adicional. El desafío consiste en equilibrar sus alianzas internacionales con la defensa del orden jurídico internacional y la estabilidad regional.
Un alineamiento acrítico puede comprometer su papel como actor regional responsable y mediador potencial, mientras que una postura prudente y basada en el derecho internacional podría fortalecer su liderazgo diplomático en América Latina.
El riesgo de normalizar la fuerza en la región
Más allá del episodio puntual, el mayor riesgo es la normalización del uso de la fuerza como herramienta válida de resolución de conflictos en América Latina. Para Colombia y la región andina, esto significaría retroceder décadas en la construcción de un entorno regional basado en reglas, diálogo y mecanismos multilaterales.
Cuando el derecho internacional pierde peso, los Estados medianos y pequeños son los primeros en quedar expuestos. La seguridad deja de depender de normas compartidas y pasa a depender del cálculo estratégico de las potencias.
Una responsabilidad regional ineludible
Colombia y los países andinos enfrentan una responsabilidad histórica: defender el respeto al derecho internacional no como una abstracción jurídica, sino como una condición indispensable para su propia estabilidad, seguridad y soberanía.
El silencio, la ambigüedad o la alineación automática no son posiciones neutrales. En un escenario de alta tensión, también son decisiones con consecuencias.
Porque cuando la fuerza se impone sobre el derecho en la región, no solo se redefine un conflicto externo: se redefine el futuro de América Latina.
Redaccion: Lumacastereo

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