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viernes, noviembre 20, 2020

La guerra de Jesurún contra Pekerman que terminó pagando la selección

Nadie pudo intuir que los años dorados de la selección terminarían el nueve de noviembre del 2015. Ese día Luis Bedoya, acosado por el escándalo del Fifa Gate y cercado por la justicia norteamericana por haber recibido coimas por derechos de televisión, renunciaba a la presidencia de la Federación Colombiana de Fútbol. Quedaban tres días para el partido contra Chile en Santiago por las elminatorias y la selección tenía la chapa de ser la quinta mejor del mundo después de su espectacular mundial de Brasil.

La idea de traer a Pekerman había sido de Bedoya. Bajo su presidencia Colombia vivió un renacer futbolístico. El Mundial Sub-20 del 2011, impecablemente realizado, significó el resurgir de una camada de juveniles capitaneados por James Rodríguez. Había futuro pero no había quien guiara el timonel. La primera propuesta de Bedoya fue Hernán Dario “Bolillo” Gómez quien estuvo con la selección en la Copa América del 2011. Fue una muy buena presentación y el camino del éxito parecía retomado pero semanas antes de comenzar las eliminatorias a Brasil Gómez golpeó a su pareja en el bar de salsa el Bongó en la zona de la Macarena en Bogotá. Fue destituido y en su reemplazo llegó Leonel Álvarez a quien echaron después de perder en Barranquilla 2-1 contra Argentina. En febrero del 2012 se anunciaba con bombos y platillos la llegada de José Néstor Pekerman. El país celebró tener un entrenador de peso. La idea había sido de Bedoya pero dirigentes como Álvaro Gonzalez y periodistas como Carlos Antonio Vélez, con peso dentro de la Federación, se opusieron con vehemencia al argentino. La excusa de un sueldo que superaba los dos millones de dólares al año fue la oposición a la política que impuso Pekerman y que siempre fue inamovible: en las concentraciones de la selección quedaba prohibida la prensa y las visitas de empresarios.

Se clasificó a un mundial después de 16 años y se llegó más lejos que nunca, los Cuartos de Final en Brasil. La llegada de Ramón Jesurum en abril del 2015 significó la ruptura definitiva del argentino con los dirigentes nacionales. Fue con Bedoya, quien en el momento de su renuncia era el exvicepresidente de la FIFA, con quien pactó el proceso, el contrato, el trabajo que realizaría en la Selección Colombia. Una vez las puertas se cierran, Pékerman establece un solo puente de comunicación: su yerno y representante, Pascual Lezcano, quien habla directamente con la Federación. Esta situación enfureció a Ramón Jesurum quien no podía ver ni en pintura a Lezcano y quien estaba loco desde el momento en el que llegó por poner fin al contrato con el argentino.

En el 2016, antes de un partido de eliminatorias contra Venezuela, quedó evidenciado la bronca que se tenían. El deplorable estado de la cancha del Metropolitano horas antes de que empezara el partido hizo que explotara el argentino quien denunció que los desagües del terreno de juego estaban obstruidos. El descuido de la cancha se debía a que la Federación le prestaba el Metropolitano a quien se lo pidiera. La primera reacción del cuerpo técnico fue pedir un nuevo cambio de sede y llevar la Selección a jugar a Medellín. Después, la pelea fue subiendo decibeles hasta el punto de que Don José estaría pensó en renunciar después del juego en Manaos contra Brasil en esa eliminatoria donde se perdió sin objeciones.

Desde entonces se libró una guerra interna terrible que derivó en un enfrentamiento antes de viajar a la concentración en Kasán durante el mundial de Rusia 2018. A Colombia no le fue mal en ese certamen. Llegó a los octavos de final donde estuvo a punto de clasificar después de perder por penales. Esa fue la excusa para sacar al argentino. Durante ocho meses la Federación se ahorró el sueldo de un técnico. Pero desde ese momento Carlos Queiroz, quien terminaba su contrato con la Selección de Irán, fue su primera opción. Se la jugó con él y ahora no tienen  los cuatro millones de dólares que vale su indemnización. El panorama no puede ser peor.

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